Cuenta Heródoto en el libro V de sus Historias, dedicado a la musa de la danza Terpsícore, que los tracios lloraban cuando nacía un niño. Sus familiares se reunían a su alrededor y se lamentaban enumerándole los males que iba a padecer la criatura.
Lo recuerdo mientras leo en El rey Lear:
"Lloramos al nacer. Nos da tristeza emprender la estúpida comedia". ¿Tan triste es la vida?
"Cuanto más conozco a los hombres, más quiero a mi perro" decía Lord Byron sobre su mascota (y mejor amigo) Boatswain.
Cuánta razón.
"[Mary] es singularmente valiente, un tanto imperiosa, y de mente abierta. Sus ansias de conocimiento son enormes, y su perseverancia en todo lo que hace es casi invencible" dice el padre de Mary Shelley cuando esta tenía 15 años. No se quivocaba.
"No podemos modelar a nuestros hijos según nuestros deseos, debemos estar con ellos y amarlos como Dios nos los ha entregado." Estoy de acuerdo con la primera parte de lo que dice Göethe, pero que yo sepa no he sido entregada por Dios.
"El hombre ha nacido libre y por doquiera se encuentra sujeto con cadenas." Rousseau ya decía lo que hoy en día sigue siendo cierto. También dijo "Pueblos libres, recordad esta máxima: Podemos adquirir la libertad, pero nunca se recupera una vez que se pierde." Lo cierto es que esa libertad que teníamos antes de las leyes nunca se recuperó.
"Quienes creen que el dinero lo hace todo, terminan haciendo todo por dinero." - Voltaire. ¿De qué te sirve vivir para ahorrar si dejas pasar la buena vida?
"La risa es el sol que ahuyenta el invierno del rostro humano." No todo iba a ser violencia para Víctor Hugo.
jueves, 30 de marzo de 2017
martes, 21 de marzo de 2017
Cómo se llega a ser lo que se es
"Cómo se llega a ser lo que se es?"
"Sé lo que eres".
Estas dos citas aparecen en un libro de Nietzsche, Ecce Homo, cuyo subtítulo es precisamente “Cómo se llega a ser lo que se es”. Un autor que cita muy a menudo a Píndaro. Concretamente “Sé lo que eres” o “Llega a ser lo que eres” es el verso 72 de la Pítica II de Píndaro.
Y ahora voy a hablar de Hölderlin.
Hölderlin fue un poeta alemán del siglo XVIII. Un hombre cultísimo que estudió teología en Tubinga donde compartió habitación en el seminario con Hegel y Schelling. Fue un erudito enamorado de la cultura clásica griega que cuando terminó la carrera se dedicó a educar a hijos de nobles y comerciantes ricos aunque ya siendo estudiante había empezado a manifestar problemas mentales y depresiones periódicas.
Con accesos de ira y crisis cada vez más frecuentes desde la muerte de su amada, una mujer casada a la que llamaba Diotima (como el personaje de El banquete de Platón) un médico accedió a verle y dio con el único tratamiento que le relajaba y era que le leyeran a Horacio. Los estudiantes del pueblo iban a la cabecera de su cama a leele, hasta que finalmente fue internado en un psiquiátrico.
Le declararon enfermo incurable y los médicos le dieron 3 años de vida. Un ebanista que había leído sus poemas se hizo cargo de él y le llevó a vivir con su familia. Vivió 36 años más.
Hölderlin se dedicaba a pasear, tocar la flauta y aporrear un piano sin teclas. Cantaba, hablaba consigo mismo y saludaba con grandes reverencias a los perros. Los vecinos lo soportaban por compasión.
Nunca dejó de escribir. Para firmar sus poemas utilizaba fechas pasadas o futuras y a partir de los 68 años dejó de firmar con su nombre. Decía que se llamaba Scardanelli y que tenía 17 años. En una ocasión le dieron un poemario suyo recién editado y dijo: “Sí, los poemas son míos, pero yo jamás me he llamado Hölderlin”.
También aseguraba que tenía un hijo papa y otro emperador. En realidad nunca tuvo hijos.
Los vecinos le veían pasear encorvado y con aspecto de pordiosero loco pero llevando siempre encima un poemario de Píndaro. Porque Hölderlin tradujo a Píndaro.
Ahora vuelvo a Ecce homo de Nietzsche. Nietzsche dice “Llegar a ser lo que se es presupone no saber ni de lejos lo que se es”. Dice también que los desaciertos de la vida, los caminos errados, los retrasos, olvidarse, malentenderse, perderse... todo esto forma parte del camino que nos lleva a llegar a ser lo que somos.
Con lo cual finalmente podemos decir que Hölderlin, que no tenía ni idea de quién era, llegó a ser lo que era, uno de los mejores poetas de todos los tiempos. Cito un fragmento de Empédocles:
“El hombre es un dios cuando sueña y un mendigo cuando reflexiona, y cuando el entusiasmo desaparece, ahí se queda, como un hijo pródigo a quien el padre echó de casa, contemplando los miserables céntimos con que la compasión alivió su camino”.
"Sé lo que eres".
Estas dos citas aparecen en un libro de Nietzsche, Ecce Homo, cuyo subtítulo es precisamente “Cómo se llega a ser lo que se es”. Un autor que cita muy a menudo a Píndaro. Concretamente “Sé lo que eres” o “Llega a ser lo que eres” es el verso 72 de la Pítica II de Píndaro.
Y ahora voy a hablar de Hölderlin.
Hölderlin fue un poeta alemán del siglo XVIII. Un hombre cultísimo que estudió teología en Tubinga donde compartió habitación en el seminario con Hegel y Schelling. Fue un erudito enamorado de la cultura clásica griega que cuando terminó la carrera se dedicó a educar a hijos de nobles y comerciantes ricos aunque ya siendo estudiante había empezado a manifestar problemas mentales y depresiones periódicas.
Con accesos de ira y crisis cada vez más frecuentes desde la muerte de su amada, una mujer casada a la que llamaba Diotima (como el personaje de El banquete de Platón) un médico accedió a verle y dio con el único tratamiento que le relajaba y era que le leyeran a Horacio. Los estudiantes del pueblo iban a la cabecera de su cama a leele, hasta que finalmente fue internado en un psiquiátrico.
Le declararon enfermo incurable y los médicos le dieron 3 años de vida. Un ebanista que había leído sus poemas se hizo cargo de él y le llevó a vivir con su familia. Vivió 36 años más.
Hölderlin se dedicaba a pasear, tocar la flauta y aporrear un piano sin teclas. Cantaba, hablaba consigo mismo y saludaba con grandes reverencias a los perros. Los vecinos lo soportaban por compasión.
Nunca dejó de escribir. Para firmar sus poemas utilizaba fechas pasadas o futuras y a partir de los 68 años dejó de firmar con su nombre. Decía que se llamaba Scardanelli y que tenía 17 años. En una ocasión le dieron un poemario suyo recién editado y dijo: “Sí, los poemas son míos, pero yo jamás me he llamado Hölderlin”.
También aseguraba que tenía un hijo papa y otro emperador. En realidad nunca tuvo hijos.
Los vecinos le veían pasear encorvado y con aspecto de pordiosero loco pero llevando siempre encima un poemario de Píndaro. Porque Hölderlin tradujo a Píndaro.
Ahora vuelvo a Ecce homo de Nietzsche. Nietzsche dice “Llegar a ser lo que se es presupone no saber ni de lejos lo que se es”. Dice también que los desaciertos de la vida, los caminos errados, los retrasos, olvidarse, malentenderse, perderse... todo esto forma parte del camino que nos lleva a llegar a ser lo que somos.
Con lo cual finalmente podemos decir que Hölderlin, que no tenía ni idea de quién era, llegó a ser lo que era, uno de los mejores poetas de todos los tiempos. Cito un fragmento de Empédocles:
“El hombre es un dios cuando sueña y un mendigo cuando reflexiona, y cuando el entusiasmo desaparece, ahí se queda, como un hijo pródigo a quien el padre echó de casa, contemplando los miserables céntimos con que la compasión alivió su camino”.
domingo, 29 de enero de 2017
Renacimiento y Barroco
El nacimiento de Venus (1495) es una de las obras renacentistas más famosas de Sandro Botticelli. En esta podemos ver, como su propio nombre indica, una de las versiones sobre el nacimiento de Venus en la que esta surge de una concha en el mar. Esta pintura de motivo mitológico está realizada con colores suaves y claros ya que muestran un entorno realizado por la belleza de la diosa. Como es típico en el Renacimiento, las figuras son perfeccionadas y siguen el cánon clásico griego. El buen gusto está en el equilibrio, la elegancia y una visión armónica del mundo.
Cristo muerto sostenido por un ángel (1646), de Alonso Cano, es una pintura barroca claramente diferenciada de la anterior. Resalta la triste figura sin vida de Cristo con colores mucho más claros que contrastan con un fondo oscuro. Representa el pesimismo y desengaño por el que se inspiraban en la época en la que la perfección está en la originalidad. Se sigue un criterio más personal y la perfección está en la exageración. Se puede ver cómo se rompe con el equilibrio del Renacimiento y aunque sigue siendo un tema religioso cuenta con una concepción más negativa del mundo.
lunes, 16 de enero de 2017
Historias de Heródoto
Por las Historias de Heródoto sabemos que los persas desde los cinco hasta los veinte años solo enseñaban a sus hijos tres cosas: a montar a caballo, a disparar el arco y a decir la verdad.
Los babilonios sacaban a sus enfermos a la plaza, pues no tenían médicos, y los transeúntes que habían sufrido un mal semejante les daban consejos sobre su enfermedad. Estaba prohibido pasar junto a un enfermo en silencio sin preguntarle el mal que le aquejaba.
También que toda mujer babilonia debía ofrecerse una vez en su vida a un santuario de Afrodita y yacer con un extrajero. Las bellas regresaban pronto a casa y las poco agraciadas esperaban hasta tres y cuatro años.
O el experimento de Psamético para averiguar qué pueblo era el más antiguo. Para saberlo entregó a un pastor dos bebés y le ordenó que nadie pronunciara palabra alguna ante ellos y que se alimentaran de leche de cabra. Dos años después los niños pronunciaron “becós”. El faraón indagó qué pueblo daba a algún objeto ese nombre y descubrió que los frigios llamaban así al pan.
Gracias a Heródoto, hoy sabemos del afecto que los egipcios profesaban a los animales, a los que consideraban sagrados. Una de las costumbres que regían es que cuando hacían ofrendas a un dios rapaban a sus hijos la cabeza. El cabello se colocaba en una balanza y la plata equivalente se entregaba al santuario para alimentar a sus animales consagrados. “¡Triste del egipcio que mate a propósito alguna de estas bestias! No paga la pena de otro modo que con la cabeza”.
Los babilonios sacaban a sus enfermos a la plaza, pues no tenían médicos, y los transeúntes que habían sufrido un mal semejante les daban consejos sobre su enfermedad. Estaba prohibido pasar junto a un enfermo en silencio sin preguntarle el mal que le aquejaba.
También que toda mujer babilonia debía ofrecerse una vez en su vida a un santuario de Afrodita y yacer con un extrajero. Las bellas regresaban pronto a casa y las poco agraciadas esperaban hasta tres y cuatro años.
O el experimento de Psamético para averiguar qué pueblo era el más antiguo. Para saberlo entregó a un pastor dos bebés y le ordenó que nadie pronunciara palabra alguna ante ellos y que se alimentaran de leche de cabra. Dos años después los niños pronunciaron “becós”. El faraón indagó qué pueblo daba a algún objeto ese nombre y descubrió que los frigios llamaban así al pan.
Gracias a Heródoto, hoy sabemos del afecto que los egipcios profesaban a los animales, a los que consideraban sagrados. Una de las costumbres que regían es que cuando hacían ofrendas a un dios rapaban a sus hijos la cabeza. El cabello se colocaba en una balanza y la plata equivalente se entregaba al santuario para alimentar a sus animales consagrados. “¡Triste del egipcio que mate a propósito alguna de estas bestias! No paga la pena de otro modo que con la cabeza”.
Libro II dedicado a Euterpe
miércoles, 7 de diciembre de 2016
Apolo y Dafne
Apolo y Dafne es un mito griego que Ovidio relata en las Metamorfosis. La historia, resumidamente, trata la venganza de Cupido hacia Apolo por burlarse de sus flechas. Esta venganza consiste en que Cupido hace que Apolo se enamore de Dafne, una ninfa hija de Penco. Era un amor difícil ya que Dafne no le corresponde, por lo que los dioses intentan ayudar a Apolo a que la alcance, pero se interpone el padre de esta y la convierte en un laurel, por lo que su pretendiente nunca la podrá tener, al menos como esposa.
En mi opinión, esta historia transmite por una parte la injusticia que algunos tienen que sufrir por culpa de otros, y por otra parte la insistencia de alguien que no es correspondido (que sigue pasando en la actualidad), casi siempre un hombre a una mujer como en este relato. En el primer caso, la injusticia es que Dafne tenga que vivir el resto de sus días convertida en un laurel por algo de lo que ella no tiene culpa, lo que lleva al siguiente caso: Apolo no tendría que haber insistido si ella no le correspondía (aunque cierto es que fue un castigo de Cupido y él realmente no puede evitarlo). En conclusión, este relato quizás no pretendía transmitir en la época en la que fue escrito lo que ahora es el machismo, pero lo representa totalmente hoy en día.
En mi opinión, esta historia transmite por una parte la injusticia que algunos tienen que sufrir por culpa de otros, y por otra parte la insistencia de alguien que no es correspondido (que sigue pasando en la actualidad), casi siempre un hombre a una mujer como en este relato. En el primer caso, la injusticia es que Dafne tenga que vivir el resto de sus días convertida en un laurel por algo de lo que ella no tiene culpa, lo que lleva al siguiente caso: Apolo no tendría que haber insistido si ella no le correspondía (aunque cierto es que fue un castigo de Cupido y él realmente no puede evitarlo). En conclusión, este relato quizás no pretendía transmitir en la época en la que fue escrito lo que ahora es el machismo, pero lo representa totalmente hoy en día.
viernes, 11 de noviembre de 2016
La balsa de Odiseo
La balsa de Odiseo, de Wieth, es un cuadro que representa el momento de la Odisea en el que Poseidón no deja que Ulises vuelva a Ítaca porque este había dejado ciego a su hijo Polifemo. Es por esto por lo que se ve a Ulises intentando mantenerse a flote sujetándose a lo que queda de su balsa, mientras que Poseidón le observa desde lo alto de las olas. Finalmente consigue llegar a la tierra de los feacios.
domingo, 23 de octubre de 2016
El desencanto
Dicen que no sabes lo que tienes hasta que lo pierdes. En el caso contrario, cuando queremos algo con muchas ganas lo apreciamos, pero cuando finalmente lo tenemos nos decepcionamos. Algo parecido es lo que cuenta el microrrelato indio "El desencanto", de autor anónimo. Trata de un hombre que siempre ha deseado ver el mar, así que ahorra durante años para poder viajar a la costa. Cuando por fin lo consigue y llega a tenerlo delante, le encanta lo que ve; pero le decepciona el sabor del agua.
Parece un relato simple y aburrido, y puede que lo sea. Pero cada persona le puede dar un significado, y puede que para el propio autor signifique más de lo que a cualquier lector le pueda llegar.
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